Valencia junta tres ciudades en una: un centro histórico de torres medievales y cúpulas barrocas, un cauce de río convertido en un jardín de nueve kilómetros y, al final de ese jardín, el conjunto futurista de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Y al otro lado, el mar: playas urbanas, un barrio marinero con carácter y una huerta que sigue alimentando los mercados.
Con dos días ves lo esencial sin correr: una jornada para el casco antiguo y otra para el Turia, la Ciudad de las Artes y la playa. Un tercero te permite bajar a la Albufera al atardecer. Lo que no admite atajos es la mesa: aquí la paella es comida de mediodía, no cena, y conviene planear el día alrededor de ella.
Casi todo lo monumental está en Ciutat Vella, caminable de punta a punta. La gran excepción es la Ciudad de las Artes y las Ciencias, al final del Jardín del Turia: el propio jardín es el mejor camino para llegar.
El conjunto diseñado por Santiago Calatrava junto a la desembocadura del Turia: el Hemisfèric, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, el Umbracle, el Palau de les Arts y el Oceanogràfic, con sus láminas de agua y sus formas blancas que ya son la imagen moderna de la ciudad.
Aunque no entres en nada, recorrerlo por fuera merece el paseo. Si vas a entrar en algún espacio, compra la entrada con antelación en la web oficial y calcula varias horas.
El mayor acuario de Europa recorre los hábitats marinos del mundo: Mediterráneo, templados y tropicales, Ártico y Antártico, con túneles bajo el agua, delfinario y aviario.
Es el plan estrella si viajas con niños y el refugio perfecto para las horas de calor del verano. Dedícale al menos media mañana.
03Ver·El Mercat
La Lonja de la Seda
El Salón Columnario · Foto: Felivet · Dominio público
El edificio civil gótico que Valencia levantó a finales del siglo XV para sus comerciantes de la seda, cuando la ciudad era una de las potencias del Mediterráneo. El Salón Columnario, con sus columnas helicoidales, es de lo más sobrecogedor de la ciudad.
Es Patrimonio Mundial de la UNESCO y la visita es corta: combina bien con el Mercado Central, justo enfrente.
Uno de los mercados de productos frescos más grandes de Europa, bajo una estructura modernista de hierro, cristal y cerámica inaugurada en 1928. Fruta de la huerta, pescado, especias y el ir y venir de los valencianos haciendo la compra.
Ve por la mañana, cuando el mercado trabaja de verdad. Si te entra hambre, dentro está Central Bar, el bar de Ricard Camarena.
La catedral se levantó sobre la antigua mezquita y mezcla gótico, románico y barroco. Dentro se custodia el Santo Cáliz, la copa que una larga tradición identifica con el cáliz de la Última Cena.
Su campanario, El Miguelete, se sube por una escalera de caracol: arriba tienes la mejor vista del casco antiguo.
Por fuera apenas llama la atención, pero dentro espera una de las sorpresas de la ciudad: casi dos mil metros cuadrados de frescos barrocos que cubren bóvedas y paredes. Por eso la llaman la Capilla Sixtina valenciana.
Está en la calle Caballeros, a dos minutos de la Catedral, y la visita es breve.
Una de las puertas de la muralla medieval, construida en el siglo XIV y conservada casi intacta: dos torres poligonales flanquean el arco por el que entraban los caminos del norte.
Se puede subir: desde lo alto se ve el cauce del Turia, las cúpulas del centro y las Torres de Quart, la otra puerta conservada. En Fallas, desde aquí se da el pregón que abre la fiesta.
Después de la riada de 1957, el río Turia se desvió fuera de la ciudad y su cauce se convirtió en un jardín de unos nueve kilómetros que cruza Valencia de oeste a este: puentes históricos por encima, césped, naranjos y carril bici por debajo.
Es la columna vertebral de la vida al aire libre valenciana y el camino natural entre el centro y la Ciudad de las Artes.
El rincón más antiguo y desenfadado del casco histórico: callejones medievales, murales de arte urbano y plazas con terrazas que se llenan al caer la tarde.
Recórrelo sin plano y fíjate en los restos de la muralla árabe que asoman entre las casas. De día es tranquilo; de noche, uno de los motores del ocio del centro.
Murales, callejones y las Torres de Quart: el Carmen a pie.
Una de las pinacotecas más importantes de España, con especial fuerza en la pintura valenciana: los primitivos góticos, el Renacimiento y Sorolla, además de salas con El Greco, Velázquez o Goya.
Queda junto a los jardines de Viveros y es una visita serena, sin las multitudes de los grandes museos de otras capitales.
Aunque no cojas ningún tren, entra un momento: la estación de 1917 es una joya modernista de Demetrio Ribes, con taquillas de madera, cerámica vidriada y motivos de la huerta —naranjas, azahar— por todas partes.
Está al lado de la plaza de toros y a dos minutos del ayuntamiento: no requiere ningún desvío.
La playa urbana por excelencia: ancha, de arena fina, con un paseo marítimo largo y plano para caminar o pedalear con el mar al lado. Detrás, el Cabanyal, el antiguo barrio de pescadores de fachadas de azulejos y barracas recuperadas.
El tranvía te deja a pocos pasos de la arena. Resérvalo para media jornada sin prisa, con arroz frente al mar incluido.
Lugares de la guía en Valencia
Dónde comer
Valencia es la cuna de la paella, y la paella valenciana de verdad lleva pollo, conejo, garrofó —una judía blanca grande y plana— y bajoqueta, la judía verde local; a veces, caracoles. Nada de marisco mezclado con chorizo. Se cocina en capa fina, con su socarrat, y se come al mediodía: de noche casi ningún sitio serio la sirve, y eso es una señal de calidad.
El segundo ritual es la horchata, la bebida dulce de chufa que se toma fría con fartons, unos bizcochos alargados hechos para mojar. Y a media mañana, el esmorzaret: el almuerzo valenciano de barra. Otros platos para buscar: all i pebre de anguilas, esgarraet —pimiento asado con bacalao—, clóchinas en temporada y, junto a la Albufera, arroz a banda y caldero.
Paella, horchata con fartons, esgarraet, almuerzo de barra y agua de Valencia.
Lleva un siglo cocinando paellas a la leña de naranjo en primera línea de la Malvarrosa. Es una referencia cuando se habla de paella valenciana hecha como manda la tradición.
Reserva con antelación, sobre todo en fin de semana, y pide la paella al reservar: se hace al momento y lleva su tiempo.
Clásico del paseo marítimo desde 1898, con terraza frente a la playa de las Arenas y una larga historia de arroces: por sus mesas ha pasado desde Hemingway hasta la familia real.
Pide un arroz con vistas al mar y no tengas prisa: esto es un restaurante de comida larga de domingo, aunque sea martes.
En el Ensanche, lleva casi medio siglo dedicado al arroz en todas sus formas: paella valenciana, all i pebre, melosos y secos de temporada. Es de los nombres que los valencianos repiten cuando les preguntas dónde comer paella en el centro.
Como en toda arrocería seria, el arroz se pide por adelantado o nada más sentarte.
Cocina valenciana desde 1951, a un paso del ayuntamiento: arroces de carta —a banda, negro, del senyoret— con fama de regularidad y un comedor animado de gente de la ciudad.
Piensa en él para comer, no para cenar: es una casa de mediodías. Reserva, porque se llena.
El bar del Mercado Central regentado por Ricard Camarena, el cocinero con más estrellas Michelin de la ciudad, en versión barra de mercado: tapas, bocadillos y parrilla con producto del propio mercado.
No admite reservas y cierra cuando cierra el mercado: ve por la mañana, a la hora del esmorzaret, y con paciencia para encontrar taburete.
Taberna de 1836 en el corazón del Cabanyal, con barra de mármol, toneles y una de las bodegas de vino más respetadas de la ciudad. Tapas y medias raciones de producto: salazones, conservas buenas, jamón, titaina.
Es la mejor excusa para bajar al barrio marinero más allá de la playa. La carta de vinos por copas es larga; deja que te aconsejen.
Bar centenario junto a la plaza del Tossal, famoso por sus clóchinas: los mejillones pequeños y sabrosos de la lonja valenciana, al vapor o a la plancha, con las conchas apilándose bajo la barra, como se ha hecho siempre aquí.
Las clóchinas tienen temporada, más o menos de mayo a agosto. Fuera de ella, sigue siendo un clásico para una tapa y una caña en el centro.
La horchatería histórica de la plaza de Santa Catalina, con azulejos, mármol y dos puertas por las que no para de entrar gente. Horchata de chufa, fartons, chocolate con churros y granizados.
Es la parada de media tarde por excelencia entre el Mercado Central y la Catedral. Si hay cola, avanza rápido.
A unos quince kilómetros al sur, la Albufera es una gran laguna de agua dulce separada del mar por un cordón de dunas y pinos, rodeada de campos de arroz: aquí crecen los granos de tu paella. El pueblo de El Palmar, casi isla entre canales, es el punto de salida de las barcas tradicionales.
El plan clásico: paseo en barca al atardecer y arroz en uno de los restaurantes del pueblo. Hay autobús desde la ciudad, aunque muchos prefieren taxi o coche.
Un zoo de nueva generación en el extremo oeste del Jardín del Turia, sin jaulas a la vista: las barreras son fosos, cristales y vegetación, y los recintos recrean paisajes africanos por los que te mueves entre los animales.
Funciona muy bien con niños y también como plan de adultos en una mañana fresca. Encadena el paseo por el Turia antes o después.
El barrio más vibrante fuera del centro histórico: mercado propio, cafés de especialidad, librerías y una oferta de restaurantes y bares que no para de renovarse, entre edificios modernistas.
Ven a media tarde, curiosea el mercado y sus calles, y quédate a cenar: es donde mejor se ve la Valencia contemporánea.
Cada año, de los cientos de monumentos falleros que arden en la cremà, el voto popular salva dos ninots, uno grande y uno infantil. Todos los indultados desde hace décadas están aquí, y juntos cuentan la evolución de la fiesta y de la ciudad.
Está al lado de la Ciudad de las Artes, así que encaja en el mismo tramo del Turia. Si no vienes en Fallas, es la mejor forma de entender de qué habla todo el mundo.
El otro gran mercado modernista de la ciudad, obra de Francisco Mora de 1916, ya no es mercado de abastos: hoy reúne cafés, bares y restaurantes bajo una estructura de piedra, ladrillo y cerámica que merece la visita por sí sola.
Es buen punto de pausa en un paseo por el Ensanche, entre el centro y Ruzafa.
Dos días en Valencia
Día 1 · Centro histórico, mercado y Carmen
Empieza en la plaza de la Virgen y entra a la Catedral; sube después a El Miguelete para ver la ciudad desde arriba. Cruza a la iglesia de San Nicolás y baja por la calle Caballeros hacia la Lonja de la Seda y el Mercado Central, donde puedes almorzar en la barra de Central Bar.
Come paella con calma —Navarro o Casa Roberto quedan cerca— y dedica la tarde al barrio del Carmen: Torres de Quart, muralla árabe, plazas y murales. Termina subiendo a las Torres de Serranos con la última luz y cena de tapas por el centro, con parada en La Pilareta si es temporada de clóchinas.
Día 2 · Turia, Ciudad de las Artes y mar
Recorre el Jardín del Turia hacia el este, a pie o en bici, hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Entra en el Oceanogràfic o, si lo prefieres, en el Museo Fallero, que está al lado.
Sigue hasta el mar: tranvía o bici hasta la Malvarrosa y el paseo marítimo, comida de arroz frente a la playa en Casa Carmela o La Pepica —con reserva— y tarde de playa o de paseo por El Cabanyal, con una copa en Casa Montaña antes de volver. Si tienes un tercer día, guárdalo para la Albufera al atardecer.
Dónde alojarse
Ciutat Vella (El Carmen y alrededores)
La Catedral, la Lonja y el Mercado Central a un paseo corto: la mejor base para una primera visita de dos días. El Carmen tiene más ambiente nocturno; la zona de la Seu y el Mercat, más monumental.
Mira la dirección exacta y las opiniones sobre ruido: algunas calles del Carmen se animan hasta tarde, y no todas admiten coche hasta la puerta.
L'Eixample (Ensanche)
Entre el centro y Ruzafa, con el Mercado de Colón y la Gran Vía: fachadas modernistas, tiendas y restaurantes, y una vida más de ciudad que de postales. Bien comunicado a pie con casi todo.
Es la opción equilibrada si quieres comodidad, buen comer alrededor y algo menos de bullicio que en el casco histórico.
Ruzafa
Para quien prioriza el ambiente: cafés, bares y restaurantes de los que salen en las listas, a quince minutos andando del centro histórico y con la estación del Norte a un paso.
Las noches pueden ser animadas; si buscas silencio, mira bien la calle concreta. Encaja en una segunda visita o en un viaje de gastronomía.
Junto a la Ciudad de las Artes
Camí Fondo, Penya-roja y Ayora quedan entre el centro y el mar, con el Turia al lado y el metro cerca. Práctico si tu viaje gira alrededor del Oceanogràfic o si llegas en AVE a Joaquín Sorolla, a medio camino.
Es más residencial y moderno: ganas tranquilidad y conexiones, y pierdes el encanto de las calles viejas.
El Cabanyal y la playa
Dormir junto a la Malvarrosa cambia el viaje: despertar con el mar, paseo marítimo a primera hora y arrocerías clásicas a la vuelta de la esquina. Ideal en verano o si repites ciudad.
El centro queda a un trayecto de tranvía o bici, así que cuenta ese tiempo en cada ida y vuelta. En invierno, la zona baja de ritmo.
Cuándo ir
La primavera y el otoño son las épocas más cómodas: días suaves, luz limpia y la ciudad en plena actividad. El invierno es templado y soleado en comparación con el resto de Europa, bueno para monumentos sin multitudes.
El verano es caluroso y húmedo: organiza el día como los valencianos, con interiores y descanso a mediodía, y calle y playa a primera y última hora.
En marzo llegan las Fallas: durante casi tres semanas la ciudad se llena de monumentos de cartón piedra, mascletàs diarias de pólvora y verbenas, hasta la noche de la cremà, cuando todo arde. Es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero el alojamiento se agota con mucha antelación. Y a finales de agosto, en la cercana Buñol, se celebra la Tomatina.
Cómo moverse
El centro se recorre a pie: de las Torres de Serranos a la estación del Norte hay poco más de un kilómetro y medio de calles peatonales o tranquilas.
MetroValencia combina metro y tranvía. El tranvía es tu aliado para el mar: sus líneas te dejan junto a las Arenas, la Malvarrosa y el Cabanyal. Para la Ciudad de las Artes puedes combinar metro, bus o el paseo por el Turia. Consulta líneas y frecuencias en la web oficial.
La bici funciona muy bien: la ciudad es llana y el Turia, una autopista ciclista. Valenbisi, el sistema público de bicis, tiene estaciones por toda la ciudad, y también hay alquileres por días.
El aeropuerto de Manises está conectado con el centro por metro: las líneas 3 y 5 te dejan junto a Xàtiva y Colón sin transbordo. El AVE llega a la estación de Joaquín Sorolla y los cercanías a la Estació del Nord; de ambas puedes salir andando al Ensanche. El coche no hace falta en la ciudad y estorba en el casco antiguo: si lo alquilas para la Albufera o la provincia, recógelo el día que salgas.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días necesito para ver Valencia?+
Con dos días completos ves el centro histórico, el Turia, la Ciudad de las Artes y la playa. Con tres, añade la Albufera al atardecer.
¿Cuál es la mejor época para visitar Valencia?+
Primavera y otoño, por las temperaturas suaves. El verano es caluroso y húmedo pero da la mejor playa; el invierno es templado y tranquilo.
¿Qué son las Fallas y cuándo son?+
Las fiestas grandes de Valencia, en marzo: monumentos de cartón piedra que arden la última noche, pólvora diaria y la ciudad volcada. El alojamiento se agota pronto.
¿Dónde se come una buena paella?+
En las arrocerías clásicas del paseo marítimo —Casa Carmela, La Pepica— o en las del centro, como Casa Roberto o Navarro. Al mediodía, con reserva y pidiendo el arroz por adelantado.
¿Cómo se llega del aeropuerto al centro?+
En metro, sin transbordo: las líneas 3 y 5 conectan Manises con el centro. El taxi es la alternativa directa si llegas de noche o cargado.
¿Se puede ir a la playa en transporte público?+
Sí: el tranvía llega junto a las Arenas, la Malvarrosa y el Cabanyal, y en bici se llega llaneando por el Turia y la avenida del Puerto.
¿En qué barrio es mejor alojarse?+
Ciutat Vella si es tu primera visita y quieres todo a pie; L'Eixample para comodidad; Ruzafa por el ambiente; la playa si viajas en verano o repites.
¿Merece la pena el Oceanogràfic?+
Sí, sobre todo con niños o en las horas de calor: es el mayor acuario de Europa y la visita ocupa media mañana. Compra la entrada con antelación en la web oficial.