Granada se mira y se sube. Al pie de Sierra Nevada, la última capital del reino nazarí guarda la Alhambra sobre una colina, el Albaicín enfrente y un casco histórico donde cada bebida en la barra viene acompañada de una tapa. Es monumento y ciudad universitaria a la vez, y las dos cosas se notan en la calle.
Con dos días completos ves la Alhambra, la Catedral y los barrios altos sin correr. Con un tercero añades monasterios, un hammam o una excursión a la sierra. Más abajo tienes un itinerario que funciona, los bares donde entender la tapa gratis y los barrios para dormir.
La ciudad tiene tres alturas: la Alhambra en su cerro, el centro renacentista en la vega y, enfrente, el Albaicín y el Sacromonte. Casi todo se enlaza a pie, pero con cuestas de verdad.
El conjunto palaciego de los sultanes nazaríes: la Alcazaba, los Palacios Nazaríes con el patio de los Arrayanes y el de los Leones, los jardines del Generalife y, a contracorriente, el Palacio renacentista de Carlos V. Reserva la mañana entera.
Compra la entrada con antelación en la web oficial y respeta la hora asignada para los Palacios Nazaríes: es la única parte del recinto con acceso por turno y se agota antes que el resto.
Patios, estanques y jardines: el Patio de los Leones, el Partal y el Generalife.
Levantada sobre la gran mezquita tras la conquista, está considerada la primera catedral renacentista de España. Diego de Siloé dibujó una gran rotonda bajo la capilla mayor que sorprende a quien viene de las catedrales góticas de otras ciudades.
Desde fuera apenas se adivina, empotrada entre las calles comerciales: entra para entender su escala.
Pegada a la Catedral, pero con entrada propia por la calle Oficios, la Capilla Real guarda los sepulcros de los Reyes Católicos y de Juana I y Felipe el Hermoso. La reja del maestre Bartolomé y las tablas flamencas de la colección de Isabel la Católica completan una visita corta y concentrada.
Combina bien con la Catedral, pero no la trates como un anexo: es un edificio con entidad propia.
El barrio andalusí de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad junto a la Alhambra: un laberinto de callejones empinados, plazas con vistas y cármenes, las casas encaladas con huerto y jardín típicas de aquí. Sube sin plano desde la Carrera del Darro y baja cuando te canses: perderse un poco también es el plan.
La ladera es adoquinada y empinada, así que lleva calzado cómodo; el minibus del centro sube hasta el mirador de San Nicolás.
El barrio de las cuevas, excavadas en la ladera del valle de Valparaíso, y la cuna del flamenco gitano granadino. El Museo Cuevas del Sacromonte muestra cómo se vivía dentro de ellas, y arriba del todo se alza la Abadía, con vistas de la ciudad entera.
El Camino del Sacromonte sube desde la Cuesta del Chapiz: una caminata exigente que puedes ahorrarte con el minibus.
El paseo más bonito del centro bajo: la calle sigue el río Darro entre Plaza Nueva y la Cuesta del Chapiz, con la Alhambra encima y puentes de piedra cruzando el agua. Al final, el Paseo de los Tristes —oficialmente Paseo del Padre Manjón— ofrece la vista frontal de la colina de la Alhambra.
Recórrelo de mañana, con luz limpia y tranquilidad, o al atardecer, de camino al mirador de San Nicolás.
Unos baños árabes del siglo XI junto al Darro, entre los mejor conservados de España. Las salas con luceras en forma de estrella se recorren en pocos minutos y explican la vida cotidiana de la Granada nazarí mejor que muchos museos.
Su entrada suele combinarse con otros monumentos andalusíes (la Dobla de Oro); consulta las condiciones en la web del Patronato de la Alhambra.
El primer monasterio de la Granada cristiana, fundado por los Reyes Católicos a finales del siglo XV. La iglesia es un despliegue renacentista de arcos y pintura mural, y en ella está enterrado el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.
Queda al oeste de la Catedral, a un paseo corto, y suele estar tranquilo.
El monasterio cartujo, al norte del centro, es considerado una de las cumbres del barroco español: la iglesia y sobre todo la sacristía acumulan yeserías, mármoles de colores y una decoración que no esperas en esta parte de la ciudad.
Está a unos veinte minutos andando desde el centro: vale el desvío si te interesa el arte.
Un jardín romántico del siglo XIX colgado sobre la ciudad, a diez minutos andando de la entrada de la Alhambra: paseos a la francesa, un estanque, pavos reales sueltos y un mirador sobre la vega.
La entrada es libre y suele estar tranquilo incluso en temporada alta: es la pausa perfecta después de la mañana de monumento, antes de bajar a comer.
El museo interactivo de ciencia de Granada, junto al río Genil: pabellones con exposiciones, un planetario, un mariposario tropical y una torre-mirador sobre la ciudad y la sierra.
Es el plan familiar de la ciudad y funciona muy bien en un día de lluvia o de calor fuerte.
Lugares de la guía en Granada
Dónde comer
En Granada se tapea de otra manera: con cada caña, vino o vermut que pides en la barra, el bar te pone una tapa gratis. En la mayoría de los sitios no la eliges —la pone la casa y cambia con cada ronda—, así que dos o tres bebidas se convierten en cena.
En las pizarras, busca lo granadino: el remojón (ensalada de naranja, bacalao, aceituna y huevo duro), la tortilla del Sacromonte (con sesos y criadillas), las habas con jamón y, de postre, el pionono de Santa Fe, pequeño y contundente. El pescado frito manda en las barras: boquerones, cazón en adobo, calamares. En invierno aparece la olla de San Antón.
La tapa que llega con la bebida, habas con jamón, piononos de Santa Fe y chocolate con churros.
Taberna fundada en 1927 en la calle Almireceros, a dos pasos de Plaza Nueva, con toneles de madera, vermut de grifo y una barra siempre llena de granadinos. Aquí la tapa llega con la bebida y el ambiente es el de una bodega de las de antes.
Ojo con el nombre: existe otra Antigua Bodega Castañeda a pocas calles, con otros dueños y otra carta. La de los toneles es la de Almireceros.
Barra sin mesas en la calle Hermosa, junto a la calle Elvira, abierta en 1947 y decorada con azulejos de la fábrica granadina Ramos Rejano. El pescado frito es la marca de la casa: con la bebida suele llegar una tapita de boquerones o de cazón.
Se come de pie, hombro con hombro. Si está imposible, a unos metros tienes Bodegas Castañeda.
Especialistas en pescado frito desde 1942, con varios locales por la ciudad. El de Plaza Nueva es el más práctico para el visitante: ruidoso, siempre lleno y con tapas de marisco que cambian con cada bebida.
Si quieres comer sentado, pide mesa y raciones; si vas de tapeo, la barra es el sitio.
El bar de la cola: cada tarde se forma fila en la calle San Miguel Alta antes de que abran. Dentro, murales, imágenes de cofradías y tapas caseras y generosas que pone la casa; su plato estrella son las manitas de cerdo.
No se reserva: llega antes de la apertura o asume la espera, que suele tener premio.
16Comer·Centro
Bar Poë
Un matrimonio regenta este bar pequeño de la calle Verónica de la Magdalena desde hace más de veinte años, y aquí la tapa gratis se elige de una carta con toques de medio mundo: bacalao a la portuguesa, pollo en salsa de coco, cerdo piri-piri.
Abre solo por las noches y se llena enseguida; ve pronto y lleva efectivo por si acaso.
17Comer·Realejo
Taberna La Tana
La taberna de vinos del Realejo, en la placeta del Agua: botellas por las paredes, una de las cartas de vino más extensas del país y decenas de referencias por copas. Las tapas son sencillas y de producto: embutidos, quesos, buenas conservas.
Es pequeña y muy querida, así que reserva o ve temprano. Es el contrapunto perfecto a una noche de tapas gratis.
El mercado de abastos del centro, junto a la Catedral, vive una segunda juventud: a los puestos de pescado, carne y aceitunas se han sumado barras donde tomar lo que ves en el mostrador, también por la noche.
Da una vuelta antes de decidir y pregunta dónde puedes sentarte con lo que pidas. Es mercado de verdad, no un decorado gourmet.
Uno de los cafés más antiguos de la ciudad, en la plaza de Mariana Pineda y regentado por la misma familia durante cuatro generaciones. Es la parada clásica para el chocolate con churros y la leche rizada, a cualquier hora del día.
Funciona igual de bien para desayunar antes de subir a la Alhambra que para merendar al bajar.
El clásico granadino: subir por el Albaicín hasta la plaza de San Nicolás y ver cómo la Alhambra se vuelve roja con Sierra Nevada detrás. Ve con media hora de margen sobre la puesta de sol.
Si está demasiado llena, el mirador junto a la Mezquita Mayor, al lado, da una vista parecida con algo menos de gente.
El flamenco granadino se vive en cueva: salas excavadas en la roca, el público a un metro de los artistas y la zambra gitana como formato propio. Hay cuevas históricas como la de María la Canastera, abierta por la bailaora en los años cincuenta, o Cuevas Los Tarantos, en el Camino del Sacromonte.
Reserva en la web de la cueva que elijas y sube con margen: el camino es empinado y los espectáculos empiezan puntuales.
22Hacer·Centro
Baños árabes Hammam Al Ándalus
Bajo la Alhambra, junto a Plaza Nueva, el Hammam Al Ándalus recupera la tradición de los baños públicos granadinos: salas de agua a distintas temperaturas, vapor y masaje opcional. Es la manera más agradable de descansar las piernas después de las cuestas.
Los turnos son limitados: reserva con unos días de antelación en su web, sobre todo en fines de semana y puentes.
El mirador más alto de la ciudad, junto a la ermita de San Miguel: la Alhambra entera, el Albaicín a tus pies y la vega hasta el horizonte. Menos concurrido que San Nicolás y más panorámico.
La subida es exigente, con escaleras y cuestas desde el Albaicín o el Sacromonte; muchos suben en taxi y bajan andando hasta la calle Elvira.
A menos de una hora en coche o en autobús desde la ciudad, la estación de esquí de Sierra Nevada y el parque nacional ofrecen nieve en invierno y senderismo de alta montaña en verano, con el Mulhacén —el techo de la península ibérica— dominando el conjunto.
Consulta el estado de accesos y remontes antes de subir: en temporada de nieve todo depende de la apertura de pistas.
Dos días en Granada
Día 1 · La Alhambra y el centro bajo
La Alhambra a primera hora, con la entrada comprada antes de viajar: Alcazaba, Palacios Nazaríes en tu turno y Generalife, sin mirar el reloj. Al salir, si te apetece aire, entra un rato al Carmen de los Mártires y luego baja andando por la Cuesta de Gomérez hasta el centro.
Come de tapas por la zona de Plaza Nueva y la calle Elvira: Bodegas Castañeda o Casa Julio son buena escuela. Por la tarde, Catedral y Capilla Real, y después el Bañuelo y la Carrera del Darro hasta el Paseo de los Tristes. Sube al mirador de San Nicolás para el atardecer y cena de vuelta en el centro o por el Albaicín.
Día 2 · Albaicín, monasterios y Sacromonte
Mañana de barrio alto: sube al Albaicín con calma, entre callejones y cármenes, y baja después hacia el monasterio de San Jerónimo. Si te interesa el barroco, la Cartuja merece el desvío al norte; si prefieres ciencia, el Parque de las Ciencias ocupa la tarde entera.
Come por el centro o en el mercado de San Agustín. Por la tarde, un turno en el hammam junto a Plaza Nueva o una vuelta por el Realejo, y al caer la tarde sube al Sacromonte: el museo de las cuevas si llegas pronto y una zambra por la noche para cerrar el viaje.
Dónde alojarse
Granada se recorre a pie, así que el barrio define más el ambiente que las distancias. Las cuestas, eso sí, mandan: piensa en tu equipaje antes de elegir.
Centro
Catedral, Gran Vía, calle Navas y Plaza Nueva: la zona más práctica para una primera visita. Todo queda a diez minutos andando y el tapeo empieza al bajar a la calle.
Los fines de semana hay ruido de barras hasta tarde en algunas calles; pide habitación interior si duermes ligero.
Albaicín
Dormir entre cármenes y miradores, con la Alhambra enfrente, es lo más especial de Granada. A cambio: cuestas, adoquines y calles donde el coche no entra; muchos alojamientos solo son accesibles a pie o con el minibus.
Viaja ligero de equipaje si eliges este barrio, y confirma con el alojamiento cómo se llega a la puerta.
Realejo
El antiguo barrio judío, entre el centro y la subida a la Alhambra: residencial pero con bares muy queridos, y a pie de la Cuesta de Gomérez. Buena opción si quieres calma sin alejarte de nada.
Tiene algo de pendiente, aunque mucho menos que el Albaicín, y sus plazas tienen vida de barrio a todas horas.
Camino de Ronda
La alternativa práctica: hoteles de cadena, comercios y un paseo llano de unos quince minutos hasta la Catedral. Le falta el encanto del casco histórico, pero funciona bien si llegas tarde, sales pronto o vienes con coche.
Es también la zona con más opciones fuera del circuito monumental, útil cuando el centro está completo en fiestas.
Cuándo ir
La primavera y el otoño son la mejor época: días suaves y una luz limpia sobre la Alhambra y la sierra. Son también los meses con más demanda, así que reserva monumento y alojamiento con tiempo.
El verano es muy caluroso y seco, con tardes que pasan de los treinta y cinco grados: monumentos a primera hora y barrios altos al atardecer. El invierno es frío —Granada está a más de setecientos metros—, con noches que bajan de cero y Sierra Nevada nevada al fondo: la época de menos gente y de las vistas más limpias.
La Semana Santa granadina es una de las grandes de Andalucía, con procesiones por el centro y el Albaicín. El Corpus Christi es la fiesta grande de la ciudad, con casetas, feria y la procesión de la Tarasca por el centro; sus fechas cambian cada año porque dependen de la Pascua.
Cómo moverse
A pie es como mejor se conoce Granada, pero no es una ciudad llana: el Albaicín y el Sacromonte se suben por escaleras y cuestas empedradas. Para las laderas existen los minibuses rojos del centro (Transportes Rober): la C30 sube a la Alhambra, la C31 recorre el Albaicín hasta San Nicolás y la C34 llega al Sacromonte. Salen de Plaza Nueva y la Gran Vía; consulta la web del operador por si hay desvíos.
El Metro de Granada une el norte con el sur de la ciudad y pasa por la estación de autobuses y la de tren: es útil sobre todo para llegadas y salidas. Del aeropuerto Federico García Lorca, en Chauchina, sale un autobús de Alsa sincronizado con los vuelos que para en la Gran Vía y junto a la Catedral; también hay taxis a la salida. Si vienes en tren, la estación de Andaluces conecta con Madrid, Sevilla y Málaga y queda a un paseo del centro o a una parada de metro.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días necesito para ver Granada?+
Con dos días completos ves la Alhambra, la Catedral, la Capilla Real, el Albaicín y el Sacromonte. Con un tercero puedes añadir los monasterios, el hammam o una excursión a Sierra Nevada.
¿Hay que reservar la entrada de la Alhambra con antelación?+
Sí. Los Palacios Nazaríes tienen acceso por turno y los días se agotan con antelación, sobre todo en primavera y puentes. Compra en la web oficial y consulta allí horarios y condiciones.
¿Cómo funcionan las tapas gratis de Granada?+
Con cada bebida que pides en la barra, el bar te pone una tapa sin coste; en la mayoría de los sitios la elige la casa y cambia con cada ronda. En mesa se pide de la carta y la tapa no siempre aplica.
¿Cuál es la mejor época para visitar Granada?+
La primavera y el otoño, por las temperaturas. El verano es muy caluroso y el invierno frío, aunque con la sierra nevada al fondo y menos gente en los monumentos.
¿Cómo se llega del aeropuerto al centro?+
Con el autobús de Alsa que sale tras la llegada de cada vuelo y para en la Gran Vía y junto a la Catedral, o en taxi desde la terminal. Confirma la parada más cercana a tu alojamiento.
¿En qué barrio conviene alojarse?+
El Centro para tenerlo todo a diez minutos; el Albaicín si buscas el encanto y aceptas cuestas y equipaje ligero; el Realejo para calma cerca de todo; Camino de Ronda si priorizas precio y practicidad.
¿Se puede subir a Sierra Nevada desde Granada?+
Sí, es la excursión clásica: menos de una hora en coche o en autobús. Nieve y esquí en invierno, senderismo en verano. Consulta el estado de accesos y remontes antes de subir.
¿Hace falta coche para moverse por Granada?+
No. El centro se recorre a pie y los barrios altos con los minibuses del centro. Además, el casco histórico tiene accesos restringidos y poco aparcamiento.